Editorial | ¿Ese es el respeto que merece la prensa, presidente?

Hay gestos que dicen más que un discurso de una hora. Y el Segundo Informe de Gobierno del presidente municipal de Lagunillas, Michoacán, Octavio Chávez Aguirre, dejó uno de esos mensajes que difícilmente pasarán desapercibidos.

Más allá de la escenografía, los aplausos y el protocolo, el informe dejó la impresión de ser un evento con más espectáculo que resultados. En lugar de una rendición de cuentas sólida, muchos asistentes presenciaron una presentación que, desde mi perspectiva, estuvo lejos de responder a las expectativas de la ciudadanía.

Sin embargo, lo más cuestionable ocurrió al finalizar el evento.

De acuerdo con lo que pude observar, a periodistas invitados para cubrir el informe se les entregaron 200 pesos. No asistí como representante de un medio de comunicación, sino como ciudadano acompañando a una periodista, pero la escena fue suficiente para hacerme una pregunta inevitable:

¿Ese es el valor que el gobierno municipal le asigna al trabajo de quienes informan a la sociedad?

La labor periodística no es un favor ni una cortesía; es un trabajo profesional que merece respeto. Un gobierno que presume transparencia debería comenzar por reconocer con dignidad el papel de los medios de comunicación, no con acciones que pueden interpretarse como una muestra de desdén o de escasa valoración hacia su labor.

No se trata del monto en sí. Se trata del mensaje. Porque cuando un gobierno decide entregar una cantidad que muchos considerarían simbólica, corre el riesgo de proyectar una imagen de poca sensibilidad y de escaso reconocimiento hacia quienes cumplen con la tarea de informar.

Los informes de gobierno deberían servir para fortalecer la confianza ciudadana, no para abrir un debate sobre el trato que reciben los periodistas.

Al final, cada administración construye su propia imagen con hechos, no con discursos. Y en esta ocasión, más allá de las palabras pronunciadas desde el templete, el gesto final fue el que terminó dando de qué hablar.

La ciudadanía merece gobiernos que rindan cuentas con seriedad y que entiendan que una prensa libre y respetada no es un adorno institucional, sino un pilar fundamental de la democracia.